Ganador de siete títulos consecutivos en el Tour de France, el estadounidense Lance Armstrong tiene una asignatura pendiente, el Giro de Italia, la segunda carrera más importante del mundo del ciclismo de ruta y en la que jamás compitió. Tras regresar en enero a la actividad profesional después de tres temporadas alejado de las pistas, el actual intengrante del equipo Astana confirmó que el sábado 9 de mayo en Venecia estará en la línea de largada de la 92º edición del clásico azurro a pesar de la fractura de clavícula que sufrió hace tres semanas en la etapa inicial de la española Vuelta de Castilla y León que lo obligó a pasar por el quirófano para que le coloquen una placa en el hombro fijada con doce tornillos incrustados en el hueso.
De acuerdo a la información publicada ayer jueves en La Gazzetta dello Sport y que fuera ratificada por Angelo Zomegn, director de esta prueba organizada por la editorial RCS Sport, el propio Armstrong se habría comunicado desde los Estados Unidos para avisarles que será de la partida en este desafío de poco más de 3.200 kilómetros divididos en veintún etapas que este año finalizará el 31 de mayo en el centro de la ciudad de Roma.
Como prueba de su voluntad inquebrantable, Armstrong entrenó en una bicicleta fija tres días después de ser operado para cinco días después comenzar a rodar en rodillo, paso previo a sus salidas a la ruta. En el ámbito de lo extradeportivo, el rey de la ronda gala se mantiene firme en su postura contra la Agencia Francesa Antidopaje a cuyas autoridades acusó públicamente de intentar impedirle que compitan en la edición 2009 del Tour de France donde a los 37 años buscará su octavo título.
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