Función preventiva de la Actividad Física
Sin duda esta es la función más importante de la actividad física, ya que un ejercicio aeróbico moderado practicado de manera regular durante unas tres horas semanales va a tener incidencia sobre la patología cardiovascular actuando a distintos niveles que llevan a una reducción del número de infartos y por tanto actuando sobre una de las enfermedades más frecuentes en las sociedades occidentales.
Actividad física y obesidad: La actividad física evita la aparición de obesidad y/o sobrepeso dado que se aumentan las necesidades energéticas rompiéndose el equilibrio entre el aporte y el gasto energético a favor de un mayor gasto, y por tanto disminuye el acúmulo de grasa. El gasto energético total es la suma del gasto energético basal más el efecto térmico de los alimentos más el gasto por la actividad física. En España la prevalencia de esta enfermedad oscila entre el 8,5 % y el 11% para varones y entre el 8,4 % y en 14,2% en las mujeres.
Además de los problemas sociales y psicológicos que se presentan en estos enfermos existe una asociación entre otras patologías y la obesidad, lo que la hace más peligrosa acortando la vida y empeorando la calidad de vida. Entre las enfermedades que se asocian podemos encontrar la diabetes, la hipertensión, el síndrome de apnea del sueño, las dislipemias y gota, la artrosis en miembros inferiores y la enfermedad arterial coronaria aumentando el riesgo de isquemia coronaria. La actividad física se ha mostrado como el arma terapéutica más eficaz en la obesidad consiguiéndose los mejores resultados cuando a una dieta y tratamiento farmacológico se le una la actividad física continuada.
Actividad física y cardiopatía isquémica: El papel preventivo del ejercicio sobre la cardiopatía isquémica ha sido muy difundido. La actividad física moderada de carácter aeróbico, cuando se realiza de manera sostenida y con una frecuencia no inferior a tres horas semanales aumenta la contractibilidad cardiaca permitiendo un mantenimiento del gasto cardiaco con una reducción de la frecuencia por lo que el corazón deberá trabajar menos para conseguir que la sangre llegue a todos los tejidos. Pero además la actividad física va a actuar sobre todos los factores de riesgo que llevan a la cardiopatía isquémica, así favorece la pérdida de peso y ayuda a mantener el peso ideal, favorece la disminución de la tensión arterial en hipertensos, ayuda a dejar de fumar y disminuye los niveles de lípidos en sangre aumentando los niveles de HDL-colesterol (colesterol bueno). Hoy se considera un factor de riesgo el no realizar ejercicio.
También la actividad física se utiliza como tratamiento en personas que ya han sufrido un infarto de miocárdio siendo numerosos los estudios que demuestran una mayor y mas rápida recuperación de la zona infartada en aquellas personas que realizan una actividad física de carácter aeróbico de forma permanente.
Actividad física y osteoporosis: La osteoporosis o pérdida de la densidad ósea como consecuencia de una disminución del calcio en el hueso va a favorecer la presentación de fracturas que van a afectar principalmente a las vértebras lumbares y torácicas, a la cadera y a los huesos del antebrazo. Esta perdida de masa ósea es fisiológica aumentando en las mujeres a partir de la menopausia por perder el papel regulador del calcio que tienen los estrógenos, motivo por el que esta enfermedad es más frecuente en mujeres que en varones. El ejercicio físico y sobre todo el ejercicio de fuerza va a reducir la pérdida de masa ósea, pero lo que es más importante va a favorecer la mineralización en la época pubertad, lo que va a permitir un mayor pico óseo, que se alcanza hacia los 25 años, y por tanto dificultara la aparición de fractura como consecuencia de la perdida fisiológica de calcio.
La importancia de esta enfermedad la dan las cifras; en EE.UU. hay unos 25 millones de personas con osteoporosis presentando un millón de fracturas al año; la OMS calcula que el 40% de las mujeres mayores de 50 años sufrirá una fractura. En la Unión Europea en el año 2000 se produjeron 88.000 fracturas de cadera en varones y 326.000 en mujeres con un coste que superó los 2,6 billones de pesetas. Los tratamientos farmacológicos son poco efectivos presentándose el ejercicio de fuerza como la mejor y más barata solución para disminuir la pérdida de calcio óseo pudiendo llegar a aumentar los depósitos óseos de calcio. Aunque el mejor tratamiento es la prevención mediante el ejercicio desde la edad juvenil.
Actividad física y artrosis: La actividad física previene la artrosis al actuar sobre el control del peso a la vez que se moviliza la articulación lo que favorece la alimentación de los condriocitos y por lo tanto el metabolismo articular. Además al aumentar la fuerza y coordinación muscular disminuye la posibilidad de accidentes y caídas y por tanto los traumatismos articulares.
Actividad física y cáncer: La actividad física parece tener efectos positivos sobre la capacidad funcional del sistema inmunitario, habiendo aparecido en los últimos años un amplio número de artículos en los que mediante estudios epidemiológicos se demuestra una menor prevalencia de cáncer en entre las personas que realizan ejercicio.
Trabajos más específicos y admitidos son los que demuestran una disminución entre el 20% y el 50% del cáncer de colon en personas que realizan ejercicio, ya que éste aumenta el peristaltismo disminuyendo el efecto irritativo de algunos alimentos. Cierto es que también existen trabajos que indican una predisposición a ciertos tumores entre las personas de realizan ejercicio, más concretamente entre deportistas de alto nivel, lo que al parecer puede estar relacionado con el aumento de oxidantes que se produce con el esfuerzo máximo.
Por tanto el ejercicio beneficioso será aquel que no nos lleve al agotamiento.
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